CREPÚSCULOS DE OTOÑO -Alegoría del estilo antiguo (Pío Baroja)

El otoño es para mi la época más agradable en el campo y en la ciudad. Después de ese ardor pesado y emergente de los días de agosto las primeras frescuras otoñales son una delicia. La lluvia benéfica va cayendo suavemente sobre la tierra, y parece que es una voluptuosidad nueva mirar el paisaje y respirar.  !El otoño, que admirable estación!

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Otoño  es una dama aventurera saciada de amores y de frutos; en el mediodía, en las tierras del vino, muestra la carnación abundante de una Venus de Rubens, es barroca, espléndida, tiene el color dorado del sol y en el cabello el adorno de los pámpanos y de las hojas de viña; en los países del norte menos  opulenta y más discreta, es una ninfa pálida, engalanada con flores, que marcha por prados entre entre las altas hierbas humedecidas los girones flotantes de bruma.

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Otoño es ver las mañanas que brotan radiantes por entre la gasa blanca de niebla que envuelve el valle; recibir la caricia del sol, ya enfermizo, que tiene un calor dulce al mediodia y respirar al anochecer el aire fresco y perfumado de los montes. Otoño es el olor del heno, la sazón de los prados. Otoño es ver caer la lluvia menuda en un día gris luminoso y plácido a través de los cristales de la ventana, oír el rumor del viento en el follaje, marchar por la carretera haciendo crujir bajo los pies las hojas amarillas de los árboles, oír las campanadas de la oración desde lejos, entre el ramaje desnudo del bosque y encender al lado del camino una hoguera de ramas secas.

Otoño es pararse, de noche, en la plaza del pueblo ante un balcón iluminado a oír una lección de Cznerny que escapa del piano confusa y temblorosa. Otoño es mirar ensimismado los cipreses agudos del cementerio y sentir como van hiriendo entre  nuestro corazón las horas una a una.

Otoño es acompañar a una mujer lánguida del brazo, al anochecer, y hablar con ella de la vida, de las ilusiones pasadas, mientras los gusanos de luz brillan misteriosos entre las hierbas.¡Admirable y romántica estación! Al principio el otoño tiene el recuerdo del sabor del verano, pero pronto llega octubre con su aire frío y sus colores calientes y nos va dotando con sus purpurinas las faldas de los montes, y nos pinta de rojo los árboles y nos platea las hojas caídas en el camino. 

Por las noches hay que encender el fuego en el hogar, lo que produce siempre gran sorpresa como si fuera una novedad ver la llama.

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En vascuence el otoño se llama <<verano último>>, es decir, no tiene nombre original. Probablemente en la antigüedad  no señalaban los vascos más que dos estaciones: verano e invierno. Parece que en muchos pueblos septentrionales de Europa pasaba lo mismo, y que en la formación del otoño influyó bastante el cultivo de la viña.

Indudablemente, en los países meridionales el otoño está estrechamente unido a la vendimia. El grano de uva que se va dotando o amoratando en el racimo marca el final de la fuerza del sol. La recolección con sus fiestas báquicas coincide con la época equinoccial.

En el país vasco, donde apenas hay vino, el otoño tiene aire báquico, es un verano lánguido, suave y tardío.20150822_114611

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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