DECIMOSEXTO CICLO ÁUREO HERRERO 2011: NOTORIO COLOFÓN GUITARRÍSTICO

La guitarra de vanguardia de Arturo Tallini supuso para mí un auténtico hito en mi concepción de la guitarra (información contenida dentro de este resumen del XVI ciclo Áureo Herrero)

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Javier Maíz deleitó a la muy experta audiencia del precioso pueblo de El Barraco en este final guitarrístico de un intenso XVI Ciclo Áureo Herrero celebrado en las fechas entre el día 15 de agosto de 2011 al 11 de septiembre del mismo año en la citada localidad y Fontiveros, ambas abulenses y en el que participaron insuperables intérpretes no solo de este instrumento, sino de violín, flauta, piano, canto, órgano -(concierto celebrado en el maravilloso órgano barroco de Fontiveros) y percusión, tanto solísticamente como en música de cámara e incluso dos estupendos conjuntos corales.
Dejando a un lado su mejor vena flamenca, el versátil ejecutante interpretó primeramente un  preludio de S.L.Weiss, 3 piezas clásico-románticas de Molino, Giuliani y Carcassi, el  vals Dolores de E.Waldteufel/Fortea, Idilio-la frontera de Dios- de Sáinz de la Maza y Yesterday de McCartney/G.del Rey con el beneplácito de los oyentes.
detalle La Mort/T.Marco por Javier Maíz
A renglón seguido, el bolero…

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FERNANDO SOR, su vida en orden cronológico (por Carlokapuscinski)

Fernando Sor, referente guitarrístico.

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Todos los guitarrístas actuales estudian a Fernando Sor, pero pocos conocen con detalle su vida y época. Este artículo pretende ser un sentido homenaje al considerado hoy compositor principal de su tiempo para guitarra, con una visión auténticamente sinfónica del instrumento gracias a su condición de compositor de óperas y ballets, dentro una Europa convulsa. Al ser así mismo un consumado intérprete, (tal vez solo pudiendo ser comparado con los mayores virtuosos de su época) y por su exahustivo conocimiento del instrumento, supo trasladar magistralmente su música legándonos un maravilloso repertorio enmarcado en el período y estilo clásico que aún continúa escuchándose y admirándose en las salas de conciertos -fué apodado el Beethoven de la guitarra-.
Se relacionan también algunos hechos relevantes para establecer nexos de unión con las diversas épocas.

Fernando Sor nació el 13 de Febrero de 1778 en Barcelona y falleció en París el 10 de…

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EL VUELO DE ROBERTO LEJOS DE ESPAÑA por Angelo Gilardino (publicado en 2011 sei corde)

Roberto Morón es un heraldo de carácter de acero, de mente clara y mano firme, capaz de conferir a cada sonido el peso y la impronta requerida que ha levantado un alto vuelo que comienza fuera de los límites de la tradición nacional: Es seguro que llegará lejos (Angelo Gilardino)

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Hablemos de Roberto Morón Pérez, que en vez de iniciar su carrera con el repertorio de su tierra natal, ha elegido Londres y la música de Stephen Dodgson. Un intérprete joven de mente lúcida y mano firme, capaz de conferir a cada sonido el peso exacto que requiere cada partitura y con la aprobación del compositor.


¡¡Algo más que guitarra española!! Español es el joven guitarrísta a la vez de brillante, severo y reflexivo pero en su CD no sopla ni tan siquiera una pizca de las brisas iberícas. La guitarra se sumerge a veces en las blanquecinas nieblas y parece que resonara desde cualquier lugar, por ejemplo, desde el jardín de Bloomsbury Square en un solitario atardecer de noviembre. Si vuestra imaginación es viva, y si sois unos lectores sensibles, quizá veréis pasar a vuestro lado el fantasma de Virginia Wolf, esto sucederá al escuchar el disco ODE TO…

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ANDRÉS SEGOVIA “A guisa de dedicatoria” por SALVADOR DE MADARIAGA

Revisitemos pensamientos hondos y dignos.

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              Nace el hombre libre y apenas madura, viene a arrodillarse y ofrecerle su libertad virgen a la Divinidad. Y ora: ¡Oh, Señor, hállame un buen amo para vivir de mi esclavitud!  Los hay a quien Dios escucha con creces, y de ellos, uno de los más favorecidos fue Andrés Segovia, a quien eligió para esclavo de la guitarra. Desde aquel día, Dios y él saben cuando, se iluminó su alma, y Segovia ha sido un hombre libremente esclavo de la guitarra. La halló saladísima y traviesa en las ágiles manos del barbero de Sevilla, y en una vida modelo de fidelidad, la elevó hasta convertirla en la voz más auténtica de Juan Sebastián Bach que jamás oímos los hombres.

 Esta voz es tan auténtica de Bach que, por serlo de él, es la voz de Europa: que Europa es la síntesis más perfecta…

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AUREO HERRERO 2012 ¡Apoteósica XVIIª edición del ciclo de conciertos homenaje! (resumen final)

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Tras  sus  cinco  actuaciones  anuales  consecutivas,  el  eminente  concertista  Piero  Bonaguri,  amigo  ya  de  este  Festival-Ciclo  de  Conciertos  Homenaje   a  Áureo Herrero,    ofreció  un  recital  de   amplio   recorrido    por       diversas   épocas   y  estilos  musicales,  demostrando   una   vez   mas   que    no   todo   debe   ser  efímero, ocurrente, y  divertido como  en  el  reino  de  los frikis (inevitable  neologismo) actual,  sino  que  existen  unos  valores  universales  que  son  reconocibles  y  alcanzables.

Piero Bonaguri en el XVII Ciclo Áureo Herrero: "Homenaje a Andrés Segovia en el 25 aniversario de su fallecimiento."
Piero Bonaguri en el XVII Ciclo Áureo Herrero: “Homenaje a Andrés Segovia en el 25 aniversario de su fallecimiento.”

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Abordó primeramente (con una preciosa timbrica producida en su magnífica guitarra Julián Gómez Ramírez) el período  renacentista  español  con la  Canción  del  Emperador  y  las famosas  Diferencias  sobre  Guárdame  las Vacas de  Luys de Narváez,  compositor que se dedicó sobre todo a la polifonia vocal y  a la …

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Mis imágenes del XIX Ciclo de Conciertos Áureo Herrero (16/08 al 6/09 de 2014) TONELADAS DE TALENTO

QUINTALES de TALENTO!

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XIX CICLO Ulaca S.SEGUNDO Murallas 282 - copia

La embriagadora forma de interpretar de Beatriz Blanco en colaboración con el magnifico pianísta Federico Bosco ejerció un hipnótico efecto en la audiencia, que no pudo dejar de prestarles atención durante su actuación.

XIX CICLO Ulaca S.SEGUNDO Murallas 281 - copia - copia (2)

Un preciosista y compacto programa que hizo las delicias de los asistentes en las Dichterliebe de Schumann, sorprendió con el vanguardista lenguaje de la Sonata para violonchelo solo de Ligeti, para volver al Schumann mas romántico  de la Fantasiestucke op 73 y terminar en una segunda parte con la Sonata op 65 de Chopin, una de las ultimas obras de su catálogo, original para otro instrumento y piano.Bea Blanco y Federico BoscoBea Blanco y Federico Bosco

XIX CICLO Ulaca S.SEGUNDO Murallas 318 - copiaLos intérpretes de Spiral Dúo con su enorme simpatía accedieron a dedicarme esta entrañable fotografía.

 

XIX CICLO Ulaca S.SEGUNDO Murallas 206

En un nuevo concierto, Piero Bonaguri volvió a demostrar su maestría en este recital ya clásico en este Ciclo tras sus continuas comparecencias y que puso en pie al público a su término…

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LA AJORCA DE ORO ( Leyenda toledana de Rimas y Leyendas, de G.A.Bécquer)

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Ana-AlcaideElla era hermosa, hermosa con esa hermosura que inspira el vértigo, hermosa con esa hermosura que no se parece en nada a lo que soñamos en los angeles y que, sin embargo, es sobrenatural: hermosura diabólica que tal presta el demonio a algunos seres para hacerlos sus instrumentos en la tierra.

Ël la amaba; la amaba con ese amor que no conoce freno ni límites; la amaba con ese amor en que se busca un goce y sólo se encuentran martirios, amor que se asemeja a la felicidad y que, no obstante, diríase que lo infunde el Cielo para la expiación de una culpa.

Ella era caprichosa, caprichosa y extravagante, como todas las mujeres del mundo; él supersticioso y valiente, como todos los hombres de su época. Ella se llamaba María Antúnez, él Pedro Alfonso de Orellana. Los dos eran toledanos, y los dos vivían en la ciudad que les vió nacer.La tradición que refiere esta maravillosa historia, acaecida hace muchos años, no dice nada más acerca de los personajes que fueron sus héroes.

Yo en mi calidad de cronista verídico, no añadiré ni una sola palabra de mi cosecha para caracterizarlos mejor.

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ÉL la encontró un día llorando, y le preguntó:- ¿porqué lloras?. Ella se enjugó los ojos, lo miró fijamente, arrojó un suspiro y volvió a llorar. Pedro, entonces, acercándose a María, le tomó una mano, apoyó el codo en el pretil árabe desde donde la hermosa miraba pasar la corriente del río y tornó a decirle: -¿porqué lloras? toledo2014madrigalCebrera S.Santa 155

El Tajo se retorcío gimiendo al pie del mirador, entre las rocas sobre las que se asiente la ciudad imperial. El sol trasponía los montes vecinos; la niebla de la tarde flotaba como un velo de gasa azul, y sólo el monótono ruido del agua interrumpia el alto silencio.

María exclamó: – No me preguntes por que lloro, no me lo preguntes, pues ni yo sabré contestarte ni tú comprender. Hay deseos que se ahogan en nuestra alma de mujer, sin que los revele más que un suspiro;  ideas locas que cruzan por nuestra imaginación, sin que ose formularlas el labio; fenómemos incomprensibles de nuestra naturaleza misteriosa, que el hombre no puede aún concebir. Te lo ruego, no me preguntes la causa de mi dolor; si te la revelase, acaso te arrancaría una carcajada.

Cuando estas palabras expiraron, ella tornó a inclinar la frente y él a reiterar sus preguntas. La hermosa, rompiendo al fin su obstinado silencio, dijo a su amante con voz  sorda y entrecortada: Tú lo quieres, es una locura que te hará reir; pero no importa; te lo diré puesto que lo deseas. Ayer estuve en el templo. Se celebraba la fiesta de la Virgen: su imagen, colocada en el altar mayor sobre un escabel de oro, resplandecía como un ascua de fuego; las notas del órgano temblaban, dilatándose de eco en eco por el ámbito de la iglesia, y en el coro los sacerdotes entonaban el Salve Regina. Yo rezaba, absorta en mis pensamientos religiosos, cuando maquinalmente levanté la cabeza y mi vista se dirigió al altar. No sé por qué mis ojos se fijaron, desde luego, en la imagen, digo mal: en la imagen no: se fijaron en un objeto que, sin que pudiese explicárme, llamaba sobre mí toda mí atención… No te rías…; aquel objeto era la ajorca de oro que tiene la Madre de Dios en uno de los brazos en que descansa su Divino Hijo… Yo aparté la vista y torné a rezar… !Imposible! Mis ojos se volvían involuntariamente al mismo punto. Las luces del altar, reflejándose en las mil facetas de sus diamantes, se reproducían de una manera prodigiosa. Millones de chispas de las rojas y azules, verdes y amarillas, volteaban alrededor de las piedras como un torbellino de átomos de fuego, como una vertiginosa ronda de esos espíritus de las llamas que fascinan con su brillo y su increíble inquietud… Salí del templo, vine a casa, pero vine con aquella idea fija en la imaginación. Me acosté para dormir; no pude… Al amanecer se cerraron mis párpados, y, ¿lo creerás?  aun en el suelo, veía cruzar, perderse y tornar de nuevo a una mujer, una mujer morena y hermosa, que llevaba la joya de oro y pedrería; una mujer, sí, porque ya no era la Virgen que yo adoro y ante quien me humillo; era una mujer, otra mujer como yo, que me miraba y se reía mofándose de mí “‘¿La ves parecía decirme, mostrándome la joya. ¡Cómo brilla! Parece un círculo de estrellas arrancadas del cielo de una noche de verano. Brazalete de oro amarillo¿La ves? Pues no es tuya, no lo será nunca, nunca… Tendrás acaso otras mejores, más ricas, si es posible; pero ésta, ésta, que resplandece de un modo tan fantástico, tan fascinador… nunca… nunca…”  Desperté; pero con la misma idea fija aquí, entonces, como ahora, semejante a un clavo ardiente, diabólica, incontrastable, inspirada sin duda por el mismo Satanás…  ¿Y qué…? Callas, callas y doblas la frente… ¿No te hace reír mi locura?

Pedro, con un movimiento convulsivo, oprimió el puño de su espada, levantó la cabeza, que, en efecto, había inclinado, y dijo con su vor sorda: -¿Qué Virgen tiene esa presea? -La del Sagrario- murmuró María. -¡La del Sagrario!- repitió el joven con acento de terror-. !La del Sagrario de La Catedral! Y en sus facciones se retrató un instante el estado de su alma, espantada de una idea. -¡Ah! ¿Por qué no la posee otra Virgen? prosiguió con acento enérgico y apasionado-. ¿Por qué no la tiene el arzobispo en su mitra, el rey en su corona o el diablo entre sus garras? Yo se la arrancaría para tí, aunque me costase la vida o la condenación. Pero la Virgen del Sagrario, a nuestra Santa Patrona, yo… yo, que he nacido en Toledo. ¡Imposible, imposible! -¡Nunca!- murmuró María con voz casi imperceptible-. -¡Nunca!-  Y siguió llorando. Pedro fijó una mirada estúpida en la corriente del río; en la corriente, que pasaba y pasaba sin cesar ante sus extraviados ojos, quebrándose al pie del mirador, entre las rocas sobre que se asienta la ciudad imperial.

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catedral toledo 1¡La Catedral de Toledo! Figuraos un bosque de gigantescas palmeras de granito que al entrelazar sus ramas forman una bóveda colosal y magnífica, bajo la que se guarece y vive, con la vida que le ha prestado el genio, toda una creación de seres imaginarios y reales. Figuraos un caos incomprensible de sombra y luz, en donde se mezclan y confunden con las tinieblas de las naves los rayos de colores de las ojivas, donde lucha y se pierde con la oscuridad del santuario el fulgor de las lámparas.. Figuraos un mundo de piedra, inmenso como el espríritu de nuestra religión, sombrío como sus tradiciones, enigmático como sus parábolas, y todavía no tendréis una idea remota de ese eterno monumento del entusiasmo y la fe de nuestros mayores, sobre el que los siglos han derramado a porfía el tesoro de sus creencias, de su inspiración y de sus arte. En su seno viven el silencio, la majestad, la poesía del misticismo, y un santo horror que defiende sus umbrales contra los pensamientos mundanos y las mezquinas pasiones de la tierra. La consunción material se alivia respirando el aire puro de las montañas, el ateísmo debe curarse respirando su atmósfera de fe. toledo2014madrigalCebrera S.Santa 258

Pero si grande, si imponente se presenta la catedral a nuestros ojos a cualquiera hora que se penetra en su recinto misterioso y sagrado, nunca produce una impresión tan profunda como en los días en que despliega todas las galas de su pompa religiosa en que despliega todas las galas de su pompa religiosa, en que sus tabernáculos se cubren de oro y pedreria: sus gradas, de alfombras, y sus pilares, de tapices.Entonces, cuando arden despidiendo un torrente de luz sus mil lámparas de plata; cuando flota en el aire una nube de incienso, y las voces del coro y la armonía de los órganos y las campanas de la torre estremecen el edificio desde sus cimientos más profundos hasta las más altas agujas que lo coronan, entonces es cuando se comprende, al sentirla, la tremenda majestad de Dios, que vive en él, y lo anima con su soplo, y lo llena con el reflejo de su omnipotencia. El mismo día en que tuvo lugar la escena que acabamos de referir se celebraba en la Catedral de Toledo el último de la magnífica octava de la Virgen. La fiesta religiosa había traído a ella una multitud inmensa de fieles; pero ya ésta se había dispersado en todas direcciones, ya se habían apagado las luce de las capillas y del altar toledo2014madrigalCebrera S.Santa 198mayor, y las colosales puertas del templo habían rechinado sobre sus goznes para cerrarse detrás del último toledano, cuando de entre las sombras, y pálido, tan pálido como la estatua de la tumba en que se apoyó un instante mientras dominaba su emoción se adelantó un hombre que vino deslizándose con el mayor sigilo hasta la verja del crucero. Allí, la claridad de una lámpara permitía distinguir sus facciones. Era Pedro.toledo2014madrigalCebrera S.Santa 177

¿Qué había pasado entre los dos amantes para que se aprestara, al fin, a poner por obra una idea que sólo el concebirla había erizado sus cabellos de horror? Nunca pudo saberse. Pero él estaba allí, y estaba allí para llevar a cabo su criminal propósito. En su mirada inquieta, en el temblor de sus rodillas, en el sudor que corría en anchas gotas por su frente, llevaba escrito su pensamiento.

La Catedral estaba sola, completamente sola y sumergida en un silencio profundo. No obstante, de cuando en cuando se percibían como unos rumores confusos: unos chasquidos de madera tal vez o murmullos del viento, o ¿quién sabe? acaso ilusión de la fantasía que oye y ve y palpa en su exaltación lo que no existe, pero la verdad era que ya cerca, ya lejos, ora a sus espaldas, ora a su lado mismo, sonaban como sollozos que se comprimen, como roce de telas que se arrastran, como rumor de pasos que van y vienen sin cesar.

toledo2014madrigalCebrera S.Santa 176Pedro hizo un esfuerzo para seguir en su camino; llegó a la verja y subió a la primera grada de la capilla mayor. Alrededor de esta capilla están las tumbas de los reyes, cuyas imágenes de piedra con la mano en la empuñadura de la espada, parecen velar noche y día por el santuario, a cuya sombra descansan por toda una eternidad. “¡Adelante!”, murmuró en voz baja, y quiso andar y no pudo. Parecia que sus pies se habían clavado en el pavimento. Bajó los ojos, y sus cabellos se erizaron de horror: El suelo de la capilla lo formaban anchas y oscuras losas sepulcrales.toledo2014madrigalCebrera S.Santa 214 - copia Por un momento creyó que una mano fría y descarnada los sujetaba en aquel punto con una fuerza invencible. Las moribundas lámparas, que brillaban en el fondo de las naves como estrellas perdidas entre las sombras, oscilaron a su vista, y oscilaron las estatuas de los sepulcros y las imágenes del altar, y osciló el templo todo, con su arcadas de granito y sus manchones de silleria. “¡Adelante!”, volvió a exclamar Pedro como fuera de sí, y se acercó al ara; y trepando por ella, subió hasta el escabel de la imagen. Todo alrededor suyo se revestía de formas quiméricas y horribles; todo era tinieblas o luz dudosa, más imponente aún que la obscuridad.

Sólo la Reina de los cielos, suavemente iluminada por una lámpara de oro, parecía sonreír tranquila, bondadosa y serena en medio de tanto horror. Sin embargo, aquella sonrisa muda e inmóvil que lo tranquilizara un instante concluyó por infundirle temor, un temor más extraño, más profundo que el que hasta entonces había sentido. Tomó empero a dominarse, cerró los ojos para no verla, extendió la mano, con un movimiento convulsivo, y le arrancó la ajorca, la ajorca de oro, piadosa ofrende de un santo arzobispo, la ajorca de oro cuyo valor equivalía a una fortuna.toledo2014madrigalCebrera S.Santa 215 - copia

Ya la presea estaba en su poder; sus dedos crispados la oprimían con una fuerza sobrenatural; sólo restaba huir, huir con ella; pero para esto era preciso abrir los ojos y Pedro tenía miedo de ver, de ver la imagen de ver los reyes de las sepulturas, los demonios de las cornisas, los endriagos de los capiteles, las fajas de sombras y los rayos de luz que, semejantes a blancos y gigantescos fantasmas, se movían lentamente en el fondo de las naves, pobladas de rumores temerosos y extraños.

Al fin abrió los ojos, tendió una mirada, y un grito agudo se escapó de sus labios. La catedral estaba llena de estatuas, estatuas que, vestidas con luengos y no vistos ropajes, habían descendido de sus huecos y ocupaban todo el ámbito de la iglesia y lo miraban con sus ojos sin pupilas.

Santos, monjes, ángeles, demonios, guerreros, damas, pajes, ceobitas y villanos se codeaban y confundían en las naves y en el altar. A sus pies oficiaban, en presencia de los reyes, de hinojos sobre sus tumbas, los arzobispos de mármol que ´´el había visto otras vesces inmóviles sobre sus lechos mortuorio, mientras que, arrastrándose por las losas, trepando por los machones, acurrucados en los doseles, suspendidos de las bóvedas, pulular, con los gusanos de un inmenso cadáver, todo un mundo de reptiles y alimañas de granito, quiméricos, deformes, horrorosos.

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 Ya no pudo resistir más. Las sienes le latieron con una violencia espantosa: una nube de sangre obscureció sus pupilas; arrojó un segundo grito, un grito desgarrador y sobrehumano, y cayó desvanecido sobre el ara.

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Cuando al otro día los dependientes de la iglesia lo encontraron al pie del altar, tenía aún la ajorca de oro entre sus manos, y al verlos aproximarse exclamó con una estridente carcajada: – ¡Suya, suya!

El infeliz estaba loco.